LA RAZÓN POR LA QUE BUSCAMOS AMARRAR EL AMOR

LA RAZÓN POR LA QUE BUSCAMOS AMARRAR EL AMOR

Yo no sé ustedes, pero si a mí me preguntan no puedo sino sentirme absolutamente engañada con la visión que me han vendido del amor: desde pequeña, los cuentos infantiles me narraban la historia del “felices para siempre”… ¿En dónde cabe que una mujer que es tan delicada que puede montarse en zapatos de cristal es la mujer que puede tener la verraquera suficiente para asumir los compliques de una relación de pareja y, luego ponerse en la tarea en ser ama de casa? Es más, acuérdense que Disney nos mostró una chica muy hacendosa pero TODO se lo ayudaban a hacer ratones y pajaritos.

Y sin ir más lejos, cómo carajos una vieja que durmió cien años tenía el aliento tan fresco como para que el príncipe la besara y quedara perdidamente enamorado? Yo a estas alturas, con la experiencia y el cinismo que me da la vida, diría que en la vida real lo que pasaría es que el tan anhelado amado saldría corriendo a esconderse de tan nauseabundo olor y, en caso de que la nariz le fallara por efecto de las alergias por contaminación, creo que una mujer que tiene el descaro de dormir cien años no es precisamente un dechado de virtud porque es que, francamente, la pereza se la consumió!!!.

Con esto entonces, quiero decirles que a los seres humanos desde pequeños nos han vendido un concepto bastante volado de lo que significa el amor. Ya más grandecitos, la televisión, la literatura, los chismes de la farándula y en realidad cualquier medio de difusión y entretenimiento , nos han vendido la idea del romance como el elemento constitutivo de todo ser humano es más, expresiones como “la media naranja”, “el complemento de mi vida”, el “sin ti no puedo vivir” nos dejan en el imaginario que somos incompletos, que siempre nos hace falta una mitad y que nuestra existencia no tiene lógica sin otro que nos caliente el corazoncito, la almohada y más abajo…
No me mal interpreten!! Esta no es un rechazo al amor ( ni mas faltaba!!) Yo misma soy una romántica empedernida que pasa sus horas libres y viajes en bus leyendo todo tipo de literatura romántica, imaginándome los encuentros furtivos de esos dos amantes que llegan al éxtasis en medio de “gritos y convulsiones”. El asunto aquí es que hemos idealizado tanto el amor que pensamos que es un nido de rosas donde todo es pétalos suaves y fragancias perdurables, sin acordarnos que las rosas tienen espinas, se marchitan fácilmente si no se les cuida y también reciben la maleza cuando nos desentendemos de ellas.

Es precisamente esa necesidad de invisibilizar la cara menos linda de la moneda lo que nos permite tomar una postura fantástica, nada apegada a la realidad; por otro lado, esa idea de estar incompletos no nos permite que hagamos una construcción saludable de nuestros autoesquemas: siempre vamos a estar en deuda porque “como soy tan feo, nadie me quiere”, porque “como no soy perfecta, quien me va a mirar” , en últimas, nuestro autoconcepto, nuestra autoestima y nuestra autoimagen se ve mellada porque aparentemente no cumplimos los requisitos para ser completados y, prácticamente, somos un despojo irreparable.

Es ahí donde caemos el meollo del asunto: Por qué entonces, hay seres humanos desesperados que recurren a “cosas raras” para lograr el amor? Pues, por eso!!! Porque como no alcanzamos el ideal que nos han vendido socialmente, no nos queda sino que recurrir así sea la magia para ver si la cosa mejora.

Cuento aparte es si realmente dan o no resultado las artimañas que nos inventamos:
• Si el asunto es el de embarazarme para amarrar al tipo obligándolo a hacerse cargo, pues déjenme decirle que, como diría un conocido humorista, es interesante pero cuestionable: en primer lugar, que el tipo responda no significa que me vaya a amar, simplemente podría pasar al estatus de “la mamá de mi hijo” y, personalmente, creo que es mejor negocio para mi ego que me siga viendo como “la amante que le hace rico” (al menos me refuerza la autoestima valorando mis artes amatorias). En segundo lugar, lo que se buscaba era tener un amor distinto al del amor con el hijo y ya bastante retorcida fue la estrategia como para pensar en las variables de este experimento.

• Si decido que más bien me meto por el tema de hechizos, embrujos, encantamientos y rezos, yo ahí si tengo mis reservas porque, francamente, qué nos hace pensar que orina, sangre y otros residuos orgánicos con olores no tan agradables van a ser más afectivos que un buen perfume y una sonrisa encantadora? O que esos sabores metálicos van a ser mejores que el sabor de un buen beso a la luz de luna y el calor de un vinito ( vieron que si tengo mi ladito cursi?). Les tengo noticias: NADA DE ESO RESULTA!! La cosa es que quienes prestan estos “servicios de ayuda sentimental” (que no se note el sarcasmo) apelan a la necesidad de fortalecer la autoestima y, pues claro!!, si yo estoy convencida de la efectividad, una vez lo haga, me voy a mostrar sin miedos, sin tapujos, me voy a poner bonita para que me mire el ser amado… Es más me le aparezco más a menudo para ver si está haciendo efecto la pócima. Y como ya se habrán dado cuenta, pues el resultado está más que logrado, no por el menjurje espantoso sino porque usted tiene más seguridad, el amado la ve más seguido y como te le metes por los ojos con esa energía imponente renovada, mínimo lo atrapa para una cita y lo demás corre de tu cuenta. Piensen, además, que en la mayoría de estos encantamientos se necesita una foto o una prenda íntima, ¿no se han puesto a pensar que mínimo tienen que tener una relación de mucha confianza como para poder acceder a este tipo de objetos? ¿que para quitarle un pedazo de cabello es necesario que al menos sea la peluquera?; de paso, mi estilista es la relación más fundamental, luego de la familia, porque de él depende mi imagen así que no es cualquier aparecido el que puede acercarse a esos requisitos del hechizo… saquen, entonces, sus conclusiones.

• Finalmente, quiero decirles que las promesas a San Antonio tampoco funcionan. Mi abuela decía que el santito era mal casamentero porque en el afán de que no lo dejaran más tiempo de cabezas y sin el niño Jesús, mandaba al primer vago mueco que se le atravesara…

Conclusión: la vida amorosa sólo la arregla uno mismo, déjese de idealizar el amor y piense que es una vivencia maravillosa que trae consigo dificultades y tropiezos; que lo que hace interesante la vida de pareja es precisamente los aprendizajes del día a día, incluidas las risas y las crisis. Si ahorita está solo o sola, ámese usted, mímese, dese gusto… va a ver la confianza que gana y como ese es el mejor afrodisiaco, tarde que temprano llega esa persona que está destinada a ser su pareja. Cuando llegue, de lo mejor de sí, porque el amor es mostrar la mejor versión de sí mismo porque ese otro me inspira y merece eso de mí.
Por último, acepte que en soledad también se puede y que si la pareja no llega rápido es porque lo dejó el bus por perezosa y en ese caso, dese por salvado!! 😉

 

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